Él no me representa
Hace algunos años escribí: América necesita más hermanos ¿Y de qué modo necesita tantos?
Es el comentario de un señor en un video/meme que rueda por Internet, no sé si fue premeditado o fue espontáneo. Pero la realidad de la vida es que cada día nos demuestra que en lugar de ir escalando y procurando una mejora intercultural, de conciencia, de valor, de sabiduría, sublimación y todo lo que puede hacernos crecer, es todo lo contrario.
Latinoamérica
Por naturaleza es diversa, de muchas raíces, aunque pretendan obligarnos ser de una sola raíz, culturalmente hablando. Latinoamérica y, América en general, está plagada de una diversidad extraordinaria, es la conjunción de muchas culturas, muchas raíces, no solo las que iniciaron la vida humana en el continente, pasando por los apaches, comanches, inuits y más aborígenes como los maya, inca, olmecas, guagiros, toltecas, pemones, y un sinfín de tribus indígenas esparcidas por todo el territorio. De norte a sur.
América también está repleta de culturas que fueron llegando poco a poco al continente, europeos, africanos, asiáticos modernos. Incluso aborígenes del océano Pacífico.
Tiene todo el sentido que el continente esté debilitado en cuanto a una integración pura, sincera, fidedigna. Nuestros antepasados vivían prácticamente para la supervivencia de su especie, es decir, de su tribu. Quizás en épocas primitivas se vivía en estados hostiles entre la supervivencia del medio ambiente y la supervivencia de debates y guerras tribales.
Lo que no tiene sentido, a estas alturas, es voltear la mirada hacia otro lado, obviando la información, el conocimiento, la comunicación, los mensajes, la causa y el efecto.
No tiene sentido sepultar una época que medianamente se fue superando, llegando a un climax de avance cultural cuando de pronto, aparece un declive así sin más. Un declive que empieza a través de la seducción de las emociones, los instintos más reptiles de nuestra composición biológica y colocar ese declive en la palestra y que, “según la audiencia”: es lo máximo.
Súper tazón, el deporte, el comercio y la política
No soy seguidor del fútbol americano, no tengo ni idea de cuáles son sus reglas, pero me queda claro que en los espacios de medio tiempo, no sé cuántos son, se usan para el consumo, para el comercio. Pan y circo.
Entonces está bien, de algo deben vivir los que generan productos de consumo. Con algo se deben distraer los fanáticos del juego. Si a los comerciantes el deporte les ofrece una ventana de oportunidad para vender y comercializar, muy bien.
Más allá del problema que pueda generar en el deportista un espacio de tiempo enfriando su cuerpo para luego volver a calentar y retomar el ritmo del juego. Se han visto casos.
Pero el problema de todo esto del entretenimiento es cuando se filtra la política. La política se ha desvirtuado de su fundamento principal, se ha convertido en un parapeto intangible que divide familias, sociedades, países.
Lo peor de todo es que quien sigue una causa política o doctrina política determinada, no tiene ni la más mínima idea de lo que pretenden con dicha bandera política los que la dirigen. Son como empresas institucionales de tal magnitud que no se sabe quién es el dueño, quién gana las utilidades y a quién despedirán el próximo fin de mes.
La política nos ha invadido todo, todos los espacios. Cada individuo de por sí tiene una semilla política en su interior que le hace opinar lo que ve bien o mal, le hace manifestarse porque muchos de sus derechos en esta época de leyes, se ven cercenados por la política.
Y eso está bien, está bien el manifestarse en contra de lo que coarta la política, lo que hace la división. Pero si retomo el inicio de esta publicación acerca de la diversidad cultural, es casi imposible que lleguemos a un acuerdo político entre tanta diversidad.
La única y posible resolución a todo esto es el respeto como ley de vida, siendo conscientes de quiénes somos, dónde estamos, cómo decimos las cosas, a quién van dirigidas nuestras opiniones, y así muchos aspectos más.
La clase y el ejemplo
Para realizar una crítica sobre una política, o cualquier otro factor de vida, pienso que se debe hacer con bastante clase, con un ejemplo tan rotundo y certero, una contraposición que de por sí rompa los paradigmas propios tanto del que hace la crítica como de quien es criticado.
La clase y el comportamiento marca una diferencia notoria cuando se cuestiona y se intenta hacer valer la opinión sobre un tema, sobre una acción. La crítica sobre un tema puede ser contrarrestada con el mismo tema u otro diferente de manera elocuente.
La crítica sobre la acción debe ser contrarrestada con otra acción pero muy contraria, con mucha clase, con mucha inteligencia. De nada vale seguir echando leña al fuego cuando tu acción afirma y reconfirma que aunque tengas razón la pierdes, por la simple acción que realizas.
Él no me representa
Embestida musical, eso ha sido. Si ponemos atención a los acontecimientos de los últimos 20 años o incluso más, a Latinoamérica se le coloca en una posición de incultos. Cuando veo lo que vi del “espectáculo” en el súper tazón, esa actuación de Bad Bunny, se me encoge el corazón, se me agacha la cabeza, me duele el alma y me despierta una pena ajena.
Existen infinidades de escenarios en dónde manifestar una contraposición de una política. Pero una cosa es la crítica política, sincera y comprometida, y otra la oportunidad comercial que representa presentarse en el súper tazón.
Existen infinidades de géneros musicales en Latinoamérica, ricos en armonía, melodía, orquestación; existen infinidades de canciones con letras increíbles, letras que expresan un mensaje, expresan un sentimiento, expresan libertad, expresan cultura, expresan sabiduría.
Él no me representa, no representa lo que soy, ese mensaje no me representa, me hace caer en un abismo de tinieblas, empezando por el hecho de una mala dicción, después ese mensaje, esa letra obscena, sucia, denigrante, finalmente el baile. Y me pregunto: ¿Cuál es el mensaje?
¿Qué mensaje queremos dar? ¿Qué mensaje quieren dar en ese “espectáculo”? ¿De quién se quieren burlar?
Estoy bastante indignado, me prometí no escribir enojado, me tomé unos días para escribir sosegado pero he llegado a estas líneas y mi indignación no me deja escribir en paz.
Un ridículo, una ridícula escena, un mensaje vacío, una presentación que confirma lo que dicen de nosotros en EE.UU. que confirma el por qué nos insultan, nos echan de allí.
Y no sé si fue un mensaje o lo quisieron hacer ver así, o simplemente un movimiento de marionetas para reafirmar la política que fomenta el gobierno de Trump. Una justificación plasmada en el supuesto arte que manifiestan los mediocres.
Mi mamá me decía: ¿te quieres comparar con el que saca 3 o el que saca 20 puntos?
Veo este sistema “artístico” como el refugio consuelo de aquellos que sin un mínimo de esfuerzo progresivo del trabajo quieren la recompensa inmediata, haciendo un material pobre para el pobre empobreciendo más la cultura.
Es como ese capricho tergiversado de otorgar valor a la mediocridad tan solo por el hecho de pensar erróneamente: mejor esto que sea ladrón de esquina.
Que se monten allí, en esos escenarios ya es un robo, un robo a miles de artistas que sí han estudiado, han trabajado fuertemente para hacerse una posición en el medio, que merecen estar allí, con su arte, su talento, su espíritu sincero.
Este acto, esta parodia latinoamericana es sintética. Entiéndalo, eso no nos representa.
Finalmente si Puerto Rico se integra con EE.UU. entonces asumo que es una burla al latinoamericano. Montando a la marioneta estadounidense más latinoamericana posible.
Artistas
Existen miles de artistas latinoamericanos que han trabajado arduamente, han plasmado sus vidas en el infinito dilema de lo que realmente vale la pena: enrumbar sus vidas dedicadas al arte o esclavizarse en una fábrica en horario 7 a 3 para que al final de sus vidas tengan su pensión y jubilación.
Hay artistas que han arriesgado todo, todo por tener una posición, enaltecer sus convicciones de expresión, de crítica, de razonamiento, de paz interna y con lo que aman, con lo que son, incluso con el respeto a lo sublime.
Hay artistas que han dejado lo comercial a un lado por enaltecer el arte. Por crecer en él y llenos de él.
Hay artistas que no sabían nada y trabajaron para crecer, para formarse, para hacerlo cada día mejor. Artistas que dijeron: no a la mediocridad. Y si diez años son de hambre y cinco de cosecha y triunfos pero bien merecidos, entonces adelante.