Sismos
Cualquiera pudiera decir que la tragedia de Vargas en 1999 y terremoto(s) de ahora, en 2026, representan la apertura y cierra respectivamente, de un ciclo político o social en Venezuela.
Quizás, no lo sé. Es mucha coincidencia. También es posible que sea un déjà vu, y empiece otro ciclo político y social incluso mucho peor que el anterior.
¿Por qué mucho peor? Pues quienes se mantienen en el poder político sigue siendo la misma gente que llegó al poder en 1998. No han querido dimitir por nada del mundo, ni por los desastres naturales.
Ahora, después de 27 años, la sociedad ha cambiado mucho, los jóvenes nacidos desde el inicio del milenio bajo el yugo político venezolano, solo han vivido eso, no más. Y sí fue deteriorándose la idiosincrasia del venezolano, fue haciendo mella poco a poco. Dudo mucho que ahora quede algo vigente de eso.
Y creo que tal como mis padres, mis abuelos y antepasados de estos vivieron otra sociedad, otra idiosincrasia muy distinta a la que yo conocí, tengo la certeza de que era mucho mejor.
Las noticias de la sociedad venezolana que ha salido del país no son muy buenas, en su mayoría. Pero también se escuchan las buenas que mantienen ese aliento de esperanza en el venezolano.
Las noticias de la sociedad venezolana que se ha mantenido dentro del país no son muy buenas, en su mayoría. Pero también se escuchan las buenas que mantienen ese aliento de esperanza en el venezolano.
Entonces se presenta un dilema muy complejo porque es bastante difícil sopesar y balancear la carga entre lo malo y lo bueno. Cualquiera me diría toma en cuenta lo bueno y deja pasar lo malo, no le pares y olvídate de eso.
Pero ¿De qué manera podemos reparar o enmendar los malos resultados si no observamos o analizamos por qué sucede, qué lo genera y cómo podemos solucionar?
Me duele en el alma la capacidad que tiene el venezolano de aferrarse a un tótem deportivo, musical, novelesco, político, religioso o de lo que sea. Me duele porque es parte de la raíz de muchos problemas.
Está bien que tengamos actitudes de esparcimiento, distracción y disfrute de la vida. Pero es injusto que se convierta en un fanatismo absoluto que tergiversa la funcionalidad del ser humano en sí.
Los sismos más devastadores han sido esos, la fuerza incommensurable de aferrarse a un tótem con una fe ciega que no obedece a razón alguna. Empezando por la política.
Porque lo justo sería aferrarse a la lógica, la razón, imponernos ante lo que está mal y nos perjudica.
¿Cómo podemos despertar las mentes ante tal sismo como ese?
Luego, cuando llegan los sismos telúricos, los que provoca la Tierra misma, cuando esos llegan y nos golpean, nos tumban la vivienda, nos destruye el país, cuando esos hacen lo que hacen por naturaleza propia, nos damos cuenta que pudimos haber aprovechado todas nuestras capacidades, todos nuestros talentos, todas nuestras voluntades para contrarrestar y actuar ante un gran siniestro.
Pero la idiosincrasia del venezolano ya no está en la razón, en la compasión o en la empatía. Está en otra cosa y probablemente nos está pasando lo que nos está pasando. Estamos viviendo lo que estamos viviendo.