Monopatín
La tecnología nos ha brindado la dicha de vivir en un mundo más cómodo, más adecuado a las necesidades de cada quien, más llevadero. Comparado con algunos años pasados, en la actualidad vivimos mucho mejor.
Pero una cosa es la tecnología y otra la asimilación o cultura de las personas sobre esas tecnologías que surgen “de la nada”.
La velocidad de la evolución tecnológica hace que no seamos conscientes del tiempo presente que estamos viviendo. Todo va pasando de manera vertiginosa.
Esto ocasiona que no todos estemos preparados para responder en buena forma el uso de la tecnología tal y como se debe, o tal y como debería ser.
Un claro ejemplo es el de la inteligencia artificial. Muchas veces he mencionado en que es una herramienta que se puede usar para bien o para mal. Incluso hay personas con un alto grado de formación académica que no está usando para bien esta herramienta.
Así también sucede con las armas de fuego y con cualquier otro invento que se crea en este planeta lleno de diversidad.
Cada tecnología va asociada a un flujo de sucesos que desencadenan un resultado muchas veces lamentable.
Los sucesos satisfactorios y nobles, son solapados por estos ruidos mediáticos de un supuesto declive total de la humanidad. Y no es cierto, hay muchas cosas que enaltecen al ser humano, hay mucha tecnología elevando la calidad de vida.
Pero cuando miro a alguien sobre un monopatín, todo lo bueno se me olvida.
Ser humano y monopatín
Por hace pocos años, tengo la ligera sospecha de que las personas tal como se mueven en el mundo se debe a su conducta como persona o su forma de ser.
Cuando veo a alguien subido a un monopatín andando por el medio de la calle en donde transitan vehículos, donde hay un límite máximo de velocidad de 50 km/h y ese monopatín va a 25 km/h, me pregunto: ¿Dónde está la conciencia de esa persona que anda sobre ese monopatín ralentizando el tráfico de los vehículos y generando atascos en la vía?
Cuando miro a una persona subida a un monopatín hablando por teléfono a sus 25 km/h sobre una vía de 80 km/h entorpeciendo el avance de los vehículos ¿Dónde? ¿Dónde está la capacidad de raciocinio de esa persona? ¿Dónde está su empatía hacia los demás?
Cuando miro a una persona subida a un monopatín atravesando vías de acera a acera, bajando de una acera, subiendo en otra acera, propenso a ser golpeado por un vehículo, propenso a golpear a un peatón que va caminando sobre la acera ¿Dónde está la capacidad de esa persona de medir riesgos? ¿Dónde está su formación ciudadana? ¿Dónde está el respeto hacia los demás?
No existe un mínimo de seguridad, respeto, empatía. Existe mucho abuso con este medio de transporte, pensamos que es un juguete y no lo es. Es una herramienta que puede ocasionar daños irreversibles tanto en el que la monta como en el que comparte vía.
Pasa igual con las bicicletas eléctricas, es el mismo patrón. A diferencia de las bicicletas tradicionales o como les dicen: de pulmón.
Sobre una bicicleta tradicional habían accidentes, siempre los hubo pero no existía el elemento eléctrico, el motor impulsado por electricidad.
Todos los vehículos de motor se fueron incorporando después de la bicicleta tradicional. Todos se han ido incorporando y según esta incorporación se han ido regulando poco a poco.
En la actualidad el monopatín puede ser un vehículo de transporte como un carro o una moto y no es así, sigue siendo un transporte de menor potencia que un vehículo o moto pero de mayor potencia que una bicicleta tradicional, y que apenas se está incorporando en la vía pública.
Está en un punto intermedio difícil de catalogar, no existen normas ni reglas, no hay regulación, no existen leyes y señales de tránsito, ni multas por uso indebido o abusos, no existen vías exclusivas para estos medios de transporte. Es negligencia del sistema, del gobierno y de las personas.
La tecnología va a un ritmo, las leyes a otro y la conciencia de la gente a otro.
Te mueves tal como eres
No es un problema radicado a partir de la invención del monopatín eléctrico, es un problema cultural y de conciencia.
Si somos conscientes o tenemos un mínimo de educación y respeto hacia nosotros y los demás, muchos incidentes y accidentes se pueden evitar.
He sido testigo de actos de personas que van en la vía sin medir consecuencias. Donde la señal del límite de velocidad es de 100 km/h y la persona va en su vehículo a 120 km/h. Haciendo zigzag entre otros vehículos.
He sido testigo de actos de personas que van pisando o rozando el maletero del carro de adelante, haciendo cambio de luces en vías con un límite específico de velocidad.
Y así esas personas tal como se mueven en sus vehículos en la vía pública, sin medir consecuencias de perjuicios en sí mismos y en otros alrededor, así se mueven en sus vidas.
Es posible que en el seno familiar, en el entorno laboral, o en donde sea que se desarrollen socialmente se manejan así, con una absoluta falta de respeto, lenguaje grosero, altaneros, ofensivos.
Hacer cambio de luces a alguien que va cumpliendo el límite de velocidad en una vía es una falta de respeto y estoy casi seguro que ese comportamiento lo hacen tanto en la vía como en la vida.
Esa mentalidad de tiburón pasando por encima de quien sea con tal de seguir el camino sin importar a quién se golpea o se saca de la vía.
Es el problema del ser humano en la actualidad.
Alimento y conducta
Tal cual con lo que nos alimentamos, bien sea alimento comestible o educativo, es el resultado de nuestra conducta.
Si nos alimentamos de porquería, nuestra salud puede fallar. Si nos alimentamos de malos ejemplos nuestra cultura puede fallar.
Es evidente que quien no asimila bien un alimento está destinado a generar resultados desfavorables, sobre todo en lo personal.
Lo lamentable es que vivimos en una sociedad, inmersos dentro de vínculos sociales y así como las enfermedades, que algunas se pueden transmitir o contagiar, muchas conductas también pueden ser contagiosas.
Lo crítico de todo esto es que casi siempre, la mayoría de las veces, somos sensibles a las malas conductas, nos contagiamos fácilmente de estas más que de las buenas.
Calidad de vida
Existe un alto grado de poder adquisitivo. En parte porque hay mucha competencia en el mercado de comercio, en parte porque los sueldos de muchos se ajustan sobre ese mercado de comercio y pueden comprar lo que sea o casi todo lo que sea.
Pero el problema del poder adquisitivo es que no es directamente proporcional a la calidad de vida, no es directamente proporcional a la educación, cultura o conciencia de una persona.
Se puede tener mucho dinero pero poca cultura en algo. Se puede percibir bastantes elogios por un trabajo realizado a través de la mentalidad tiburón, pero nada de empatía hacia los demás.
A la larga eso va corroyendo los vínculos, las relaciones, la vida. Estamos viviendo en un mundo muy desigual, los méritos se están dejando en un rincón.
Pareciera que está bien hacer cambio de luces, pasar por encima del que va adelante porque hay que producir en el menor tiempo posible, cumplir el objetivo y el que quedó detrás que se apañe.
La calidad de vida no es eso, la calidad de vida es que todos realmente tengamos calidad de vida, porque la carencia de unos es el talón de Aquiles de otros aunque no se perciba en el instante.
Es un eco temporal.