Mañana por mí
Existe un viejo refrán que dice algo como: hoy por ti, mañana por mí.
Acuñamos esta expresión en el momento que ofrecemos un favor, ayuda, colaboración o una acción similar a alguien. Ciertamente parece una condición de deuda.
Pero también se puede mirar en el modo en que hoy te apoyo, te extiendo la mano para resolver un tema tuyo incondicionalmente, sabiendo que tú igualmente en un futuro indeterminado me extenderás la mano para apoyarme incondicionalmente, te apoyo ahora porque lo mereces, lo necesitas y porque tú en mi lugar harías lo mismo incondicionalmente.
En el ámbito de la amistad sucede mucho. Pienso eso, no lo sé. Y no va ese mensaje expresado de manera literal sino que es un acto espontáneo.
Y vaya que no me agrada esa frase, personalmente no la uso para nada, porque siento que condiciono algo y dentro de mí siempre hago lo que hago de manera incondicional e incluso voy más allá del deber en la mayoría de las veces que me implico en algo.
Sin embargo, por mucho tiempo voy haciendo y haciendo, apoyando y apoyando, y aunque esa frase no está implícita, y aunque mi implicación incondicional va más allá, siento que nunca he recibido un mínimo de esa implicación a cambio. Tampoco veo ese implícito: hoy por ti, mañana por mí, por parte de las otras personas.
Es como si mi implicación es una obligación que yo debo cumplir, y para todo, o para muchas de las circunstancias que he vivido pareciera que va marcado así. Miro atrás y reflexiono ese recorrido donde he notado la ausencia de los demás sobre una necesidad personal en donde requiero apoyo.
En muchos ambientes laborales se hace mención en: alzar la mano para pedir apoyo o ayuda. Y varias veces he tenido que alzar la mano, pedir la ayuda, y no pasa nada, todo sigue igual. Aquí sigo esperando la retribución y sigo con mi mano alzada.
Y eso por mencionar el ambiente laboral. En ambiente familiar o de amistad me sucede mucho. Son contadas las veces en las que he recibido un apoyo incondicional, y ha sido muy satisfactorio a nivel emocional y espiritual, si se quiere.
Se siente bien recibir ayuda y apoyo cuando no se ha pedido directamente. Se siente bien cuando sí se ha pedido directamente. Pero reitero, lo he sentido pocas veces, puedo contar con una mano esas veces y sobran los dedos.
Por un lado me da tristeza, porque son años de implicación en proyectos de otros, son muchos recorridos, aprendizajes y seguir en blanco, esperando el certero apoyo incondicional de alguien que de manera espontánea regrese ese favor a cambio.
Es verdad que no todos somos iguales, no todos están pendientes de mirar y velar por la necesidad personal o en este caso por mi necesidad personal. También es posible que muchas veces lo que damos en un sentido y orientación, lo recibimos por otro sentido desde otra orientación.
Pero qué grato sería que cada persona con la que haces vínculo familiar, de amistad, laboral o de lo que sea, fuese más considerada, atenta, detallista y realmente conectada a ti.
Sería muy grato sentir eso.