La falsa recompensa
Existe un término psicológico asociado en el ambiente laboral llamado: síndrome del impostor.
Sucede en personas que hacen trabajos que suelen tener resultados favorables, aún así quien ejecuta dicho trabajo, siente que aún le falta mucha experiencia, que no lo hizo de manera elegante o profesional. Siente que no es digno de ocupar posición en el trabajo que desempeña.
En Wikipedia lo manejan de este modo:
Y hoy que vemos el desarrollo y cambio de los ambientes laborales con la llegada de la inteligencia artificial, se ven muchos patrones de conducta de múltiples colores, tamaños y formas. Hay quienes hasta celebran el logro por el resultado de un trabajo realizado por una IA.
Eso me lleva a pensar los muchos años que un profesional de un área determinada experimenta estudiando una carrera, investigando, haciendo prácticas, buscando el por qué de una razón, de un resultado. Finalmente debe desarrollar su propia tesis basada en un determinado tema que también le llevará horas de dedicación, ensayo y error, resultados que deberá documentar, analizar, cotejar y demostrar.
Un poco de historia personal
Cuando empecé a trabajar formalmente en una empresa, lo hacía como practicante, después empecé directamente en nómina como un trabajador normal, como todos los demás. Pero sí sentía algo diferente en cómo realizaba las tareas que me encomendaban con respecto a los demás compañeros. Esto no me producía el fenómeno del síndrome del impostor, más bien todo lo contrario.
Sentía que cada día lo que había aprendido en la escuela me había servido para bien, tenía herramientas sólidas para desempeñar un trabajo en el que no se debían cometer errores. Un error en el área de la electricidad puede costar la vida de otras personas e incluso mi propia vida.
A lo largo de esta experiencia realizando trabajos de control eléctrico y automatización, me llevaba a un punto en el que cada vez sentía que sabía menos pero que aprendía más y a su vez me daban ganas de seguir andando, devorándome cuanto reto se presentaba por delante.
Los pasos para aquella época, finales de 1999 y principios de los años 2000, se vislumbraba el rumbo o tendencia de la industria en un mayor enfoque hacia lo automatizado, todo dirigido al funcionamiento controlado por computadoras u ordenadores.
Esto me llevó a transferir toda esa experiencia a una nueva área de estudio que fue la informática. Y esto generó el doble de sobredosis de hambre de aprendizaje y querer devorar cuanto reto se presentaba por delante. Hasta la fecha actual.
Actualidad
Ahora que tenemos herramientas sofisticadas que realizan trabajos que rozan la lógica humana, que procesan el lenguaje humano, convierten lo subjetivo a través de mecanismos objetivos en resultados subjetivos, esa ida y vuelta, nos sorprende a muchos lo fantástico que se ha vuelto todo, ahora “lo podemos hacer todo” o casi todo. El cielo es el límite. O en todo caso no hay límites.
Sin embargo, pensando a profundidad, pensando en la ética que también se estudia como parte complementaria en una universidad, me surgen muchas interrogantes relacionadas todas con la IA y sus usuarios, intentaré resumirlas:
- ¿Cuántas de estas personas sufren el síndrome del impostor?
- ¿Cuántas de estas personas celebran estos logros superficiales?
- ¿Cuántas de estas personas van asimilando el resultado obtenido?
- ¿Cuántas de estas personas miden su ética de resultados y resolución en momentos de contingencia?
- ¿Cuántas de estas personas invaden el terreno de otros profesionales?
- ¿Cuántas de estas personas tiran la flecha hasta dar en el blanco?
- ¿Cuántas de estas personas valoran la capacidad de una rama profesional cuando usurpan la posición de un experto?
- ¿Cuántas de estas personas tienen conciencia plena de lo que está sucediendo detrás?
- ¿Cuántas de estas personas transfieren plenamente la responsabilidad que merece un trabajo?
He visto que la inteligencia artificial, más adelante fusionada con la robótica, irá reemplazando poco a poco al ser humano en su naturaleza cotidiana. Para nadie es novedad, ya no es ciencia ficción, es el desarrollo de nuestro presente.
En tal sentido, penetrando en el campo laboral, el trabajo es un área importante porque desde tiempos inmemoriales el ser humano ha desempeñado tareas que hacen útil al individuo dentro de una sociedad. Desde las tribus indígenas ya se sabía quién desempeñaba qué o cuál tarea y era responsable como tal de eso.
De por sí cuando una persona se jubila debe desarrollar otras habilidades, debe desinstitucionalizarse porque también así como el síndrome del impostor se produce otro efecto psicológico. Como alguna falta de sentido de propósito en la vida.
Este tema es muy complejo. El avance tecnológico va a un ritmo acelerado, la adecuación de todo el entorno, de las capacidades que debemos desarrollar para asimilar estos cambios acelerados va a otro ritmo y muy lento.
¿Quién se beneficiará de todo esto?
Algo de todo lo anterior tendrá benefactores, perjudicados, ilesos, heridos y arrollados. Es probable que podamos percibir una porción de cada una de esas tenencias. Se dice que debemos ser optimistas pero la racionalidad de esta nueva era industrial es muy distinta a la de hace 100 años.
Es posible que debamos combinar estas herramientas sofisticadas como parte de nuestro apoyo diario como herramientas. Lo complejo será cuando la racionalidad, que ya mencioné, empiece a incidir sobre las mentes de los menos preparados.
Ya se han visto casos de personas creer haber hablando con seres no humanos que razonan como humanos. El famoso test de Turing. Entonces ¿Este ejercicio de interacción racional puede estar condicionado de algún modo por sus dueños para beneficio propio?
Es lo que no sabemos. Lo veremos en un futuro que probablemente ni los propios dueños de estas tecnologías se darán cuenta y estaremos todos metidos dentro del mismo saco.
¿Qué nos espera?
Haré una pequeña reflexión sobre todo de las personas que están usando la inteligencia artificial de manera deportiva. Está quedando un vacío técnico conceptual y empírico. Esto le suelen decir: deuda técnica.
Con los productos “cajas negra”, con los incentivos de satisfacción casi inmediata, o la falsa recompensa, estamos viviendo un mundo que está desconectando la sociedad.
Se dice que en un ambiente laboral no se va a hacer amigos, sin embargo, la interrelación entre seres humanos genera una activación sensorial, desarrollo y crecimiento en las personas. Aún así, ya muchos ambientes laborales estaban comenzando a ser fríos y distantes.
Cuando se incorporen más máquinas a estos, cuando poco a poco se vayan deshumanizando más y más los recintos que algún día fueron de seres humanos, pienso que perderemos el derecho a vivir, a tener propósito.
Pero nos quedan las plazas, centros comerciales y cuanto sitio de esparcimiento se pueda crear. Es posible que tengamos plena libertad de tiempo para entablar las relaciones sociales que no pudimos en tiempos de soberanía contractual laboral. Es posible, quién sabe.
Hace diez años escribía El rumbo del ser humano y la IA, hoy escribo después de aquel pasado, viviendo este presente igualmente con asombro y curiosidad, pero creo que mantengo mi idea de que seremos simples reparadores de robots, como la película Total Recall (2012).