El vacío que siento
Cuando no sentía el síndrome del impostor, creo que vivía un poco feliz, tranquilo, entusiasmado, con energía y ganas de seguir enfrentando cualquier reto que se me ponía delante de mí.
Ahora, siento un vacío de recompensa. La falsa recompensa. Y quizás por el hecho de que el triunfo o el éxito del resultado de un trabajo lo estoy compartiendo con la susodicha inteligencia artificial. O porque muchos de los logros y recompensas que obtenía venían del fruto de un esfuerzo.
Desde pequeños nos enseñan que cada premio o recompensa nos lo debemos ganar, nos enseñan que con el sudor de la frente. Pero en estos tiempos de IA, una parte que realizo por mi cuenta la veo de algún modo honesta, y la otra parte que hace la inteligencia artificial la veo como una trampa.
Será una percepción ilógica porque al final es una herramienta y que ayuda mucho. Será que este lado ejecutado por la IA obedece justamente a ese síndrome del impostor.
O será al final que todo lo que estoy haciendo por mi lado lo pienso, analizo, desarrollo, pruebo y evalúo resultados. Y lo que está desarrollando la IA lo debo contextualizar, enunciar, después de generado el resultado debo probarlo, evaluarlo. Al final son dos trabajos en paralelo.
No sé si es un efecto óptico de percepción. Pero siento que sí es el doble de trabajo porque quizás no me fío todavía al 100% de lo que realiza la inteligencia artificial. Mi responsabilidad o ética me lleva a ponerle más detalles y observación al producto final.
Por otro lado, no es lo mismo trabajar con un equipo de trabajo conformado con personas, que interactuamos, nos contradecimos, opinamos al respecto de un algo. En cambio con la IA, me debo hacer las preguntas, debo hacerle las preguntas, me debo responder, me responde, debo evaluar lo realizado desde un punto muy frío, sin feedback, sin compañerismo.
Estos tiempos que estamos viviendo es una brecha más del camino en donde deberemos aprender cómo lidiar con máquinas y creo que más a menudo, porque estos vientos que soplan son de más automatización, más desconexión social laboral, incluso desconexión social fuera del ambiente laboral.
Ya muchos llevan su respectivo Tamagotchi en el teléfono móvil como parte de sus vidas. Pero como decía Luis Eduardo Aute: …qué feo, feo, feo mundo, qué feo, feo, feo inmundo…